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DROGAS EN ADOLESCENTES

drogas

Consumo y abuso de substancias entre jóvenes: retos y estrategias para la identificación y la prevención

Enviado por: FAROSHSJD el 01/06/2009     

El uso de alcohol y drogas es un fenómeno común entre los jóvenes. En Canadá la media de edad para el inicio al consumo de alcohol son los 11años y para el cannabis (marihuana) los 12’6; el 12% del los estudiantes adolescentes confiesan haber consumido además otras sustancias aparte de alcohol, cannabis y tabaco. El consumo de de drogas se ve incrementado según avanza la edad de los adolescentes.

Daños asociados: Hay toda una serie de comportamientos de riesgo que se asocian al consumo de drogas. La actividad sexual no planificada, no deseada o sin protección, o la conducción temeraria, son dos de los ejemplos más frecuentes; del consumo pueden derivarse además multitud de complicaciones médicas. Identificación y tratamiento: Aunque existen diversas herramientas de evaluación, como el AUDIT o el CRAFFT —validados para el trabajo con adolescentes—, no todos los médicos la practican de manera regular.

La evidencia científica disponible sobre tratamientos efectivos es escasa. Algunos programas para adolescentes —los del tipo Solo di NO, por ejemplo— son inefectivos en su intento de erradicar el consumo. Existe una creciente convicción de que las estrategias de “reducción de daños” pueden ser más efectivas. En cualquier caso es incuestionable el papel clave que tienen familia y profesionales de la salud en cuanto a identificadores e impulsores de las medidas de intervención tanto preventivas como terapéuticas.

Fuente: Canadian Medical Association

Resumen analítico

Contexto

El uso de alcohol y drogas es un fenómeno común entre jóvenes. El estudio sobre tabaquismo juvenil de 2004-5 realizado en Canadá, detectó que la edad media de inicio al consumo de alcohol son los 11 años, y la de cannabis (marihuana) los 12’6; además el 12,5% de estos estudiantes confirmaron haber utilizado otras substancias diferentes al alcohol, tabaco o cannabis.

Prevalencia del consumo y abuso de substancias
La Tabla 1 muestra las drogas comunes que se encuentran en la calle y sus efectos (fuente complementaria recomendada por FAROS:http://www.drugabuse.gov/nidaespanol.html).


Tabla 1.

Droga También conocida como Método de ingestión Efectos clínicos Duración efecto Complicaciones agudas
Cannabis Hierba, Marihuana, hachís Fumada, oral Distorsión de los sentidos, conjuntivitis, estimula el apetito 1-3 horas Síntomas sicóticos (alucinaciones visuales y auditivas, ilusiones paranoides, confusión y amnesia
Éxtasis (metilendioxi-metamfetamina) E, X, XTC Oral, inhalado Efectos estimulantes, euforia, rechinamiento de dientes involuntario que se produce durante el sueño. 1-6 horas dependiendo de la dosis Caída o elevación anormal del sodio en la sangre (hipo e hipernatremia), convulsiones, rabdomiolisis (Es la descomposición de las fibras musculares que ocasiona la liberación de los contenidos de dichas fibras (mioglobina) en el torrente sanguíneo. Algunas de éstas son tóxicas para el riñón y con frecuencia causan daño renal.).

 

Puede estar contaminada con otras substancias como efedrina, dextrometorfano, ketamina, cafeína, cocaína y/o metamfetamina.

Metamfetamina cristalina Speed, cristal, ice, hielo, meta Oral, inhalada, fumada, inyectada (intramuscular) Efectos estimulantes, excitación emocional, enrojecimiento de la cara 6-8 horas si inyectada o tomada vía oral
10-12 horas si fumada
Dolor torácico, hipertensión, taquicardia hipertermia (fiebre)
Cocaína Coca, nieve, crack, raya Inhalada, inyectada (intravenosa), fumada (crack) Efectos estimulantes 5-60 minutos si se inhala

 

5-10 minutos si se fuma

Dolor torácico, hipertensión, taquiarrítmia, hemorragia intracraneal o ictus

 

El uso añadido de alcohol puede inducir la producción hepática de cocaetileno, que incrementa el riesgo de muerte súbita

Ketamina K, Special K Inhalada, oral, inyectada (intramuscular e intravenosa) Anestesia disociativa (produce una disociación funcional entre los sistemas límbico y tálamo del sistema nervioso central, lo que implica que el afectado sufre amnesia -pérdida de memoria- y una profunda analgesia – ausencia de sensaciones-, mientras que puede tener los ojos abiertos y mantiene los reflejos protectores -tos, etc.-).
Euforia (sensación de estar flotando)
Hasta 1 hora dependiendo de la dosis Depresión respiratoria (disminución extrema del número de respiraciones por minuto), disociación (se pierde parcial o completamente la integración normal entre ciertos recuerdos del pasado, la conciencia de la propia identidad, ciertas sensaciones inmediatas y el control de los movimientos corporales).
Gamahidroxi-butirato (GHB) G, líquido o sustancia E, líquido o sustancia X Oral, inhalada Euforia, depresión del sistema nervioso central 10 minutos a 4 horas Presión respiratoria, coma, convulsiones.

Si se consume alcohol, los efectos se potencian

Heroína y otros opiáceos Caballo, speedball(si se inyecta con cocaína) Fumado, inyectado (subcutáneo, intravenoso, intramuscular), inhalado, oral (píldoras) Depresión del sistema nervioso central 3-5 horas Depresión respiratoria, nauseas, vómito

El estudio de 2007 “Uso de drogas entre estudiantes de Notario” (Canadá), determinó que el 64,7% de los jóvenes en edades comprendidas entre los 12 y los 18 años consumieron alcohol en algún momento de su vida, el 29,9% cannabis, el 4,3% cocaína y cerca del 4% otras drogas como la heroína, la ketamina o la metamfetamina cristalina.

Las ratios de consumo de drogas, salvo las de consumo por inhalación, mostraron un incremento del consumo relacionado con el aumento de la edad de los encuestados, y unos parámetros similares para hombres y mujeres. Un 26,3% de los estudiantes confirmaron haber bebido de manera festiva (5 o más copas en una sola ocasión) en las cuatro semanas previas al estudio; un 19% confirmó beber peligrosamente según los criterios AUDIT (Box 3 del artículo); y un 15% respondió de manera afirmativa a dos o más ítems de la escala da CRAFFT (Box 2 del artículo). Solo un 1,5% de los estudiantes confesó haber recibido algún tipo de tratamiento en el año previo al estudio.

Desafortunadamente, estos estudios no recogen los resultados de aquellos jóvenes que no asisten a la escuela, están en centros correccionales o en viven en condiciones marginales. Los jóvenes “callejeros” tienen ratios significativamente superiores en el uso de metamfetamina, éxtasis, cocaína y ketamina que los jóvenes de otras poblaciones.

Aunque es difícil establecer comparativas a nivel internacional, tabaco y alcohol son las sustancias consumidas con más frecuencia entre los jóvenes. Sin olvidar que el cannabis representa un 90% del total de las drogas ilícitas utilizadas por los jóvenes en Norte América, Australia y Europa.

Factores de riesgo

Una serie de factores de riesgo se han relacionado con el abuso de substancias entre la gente joven (Tabla 2)

Tabla 2. Marcadores de riesgo para el abuso de sustancias entre los jóvenes
- Vivir en la calle o que su vida en general esté focalizada en la calle.

- Padecer desórdenes mentales

- Historial familiar de abuso de substancias.

- Disfunción familiar.

Según el informe de 2007 sobre el uso de substancias en jóvenes de Canadá, hasta un 50% de los jóvenes que han buscado tratamiento por abuso de sustancias tenían algún desorden de salud mental adicional como depresión o ansiedad.

La investigación sobre el neurodesarrollo de los adolescentes sugiere que su cerebro es más vulnerable a los efectos de las substancias y que por consiguiente poseen un mayor riesgo de desarrollar patrones de comportamiento susceptibles de derivar en un abuso o dependencia.

Daños asociados al consumo y abuso de substancias

Existe un abanico de daños relacionados con la salud asociados al consumo y abuso de sustancias. Muchos comportamientos de alto riesgo se asocian al uso de alcohol y drogas, como por ejemplo: la actividad sexual no planificada, no deseada y sin protección; la conducción imprudente; el ser pasajero de un coche conducido por alguien bajo los efectos de sustancias; la no utilización de los cinturones de seguridad; y los comportamientos autolesivos, que pueden incluir el intento de suicidio.

El uso de substancias puede causar diversas complicaciones médicas (Tabla 1); además algunos jóvenes se resisten a buscar ayuda médica por temor al conocimiento de los padres o por las posibles consecuencias legales.

Identificación y tratamiento

Muchos médicos no realizan las evaluaciones de rutina habituales en adolescentes. Existen herramientas para los profesionales médicos tanto de evaluación general —el HEADSS o el GAPS, por ejemplo— como de evaluación específica —AUDIT (Box 1 del artículo) o CRAFFT (Box 2 del artículo).

No existe hoy por hoy evidencia de una efectividad total en ninguna de las aproximaciones propuestas. Tradicionalmente, la aproximación terapéutica se ha basado en modelos de “abstinencia”. Sin embargo, la evidencia de la literatura demuestra que los programas de abstinencia puros para adolescentes —del tipo Solo di NO—  no son efectivos en su intento de erradicar el consumo de drogas entre adolescentes.

Existe una creciente convicción de que las estrategias de “reducción de daños” pueden ser más efectivas. Estas perspectivas aceptan la posibilidad de los adolescentes de elegir el consumo de drogas, considerando la elección como medio positivo para reconocer por ellos mismos el riesgo médico y psicosocial que conlleva la relación con determinadas substancias. Estas estrategias se dirigen a reducir los riesgos relacionados, modificando el comportamiento (pudiendo incluir la eliminación del uso). Hasta ahora, no hay datos que respalden el papel de los agentes farmacológicos en el tratamiento, con la excepción de los desordenes acompañantes como la depresión, en los cuales el tratamiento sí reduce el consumo de sustancias.

El conocimiento es todavía escaso y quedan multitud de retos por resolver, sin embargo si hay algo claro, esto es el papel clave de la familia en el apoyo al adolescente, ardua tarea que puede incluso hacer precisar de ayuda a los propios familiares.

El papel coyuntural de los profesionales de la salud es también fundamental, en tanto que identificadores e impulsores de las medidas de intervención, sean estas preventivas o terapéuticas

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PADRES EN PROCEDIMIENTOS INVASIVOS DE SUS HIJOS

 

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¿Deberían estar presentes los padres durante los procedimientos invasivos en urgencias?

Enviado por: FAROSHSJD el 30/06/2009      En los últimos años ha aumentado la proporción de padres que quieren estar durante los PI con sus hijos. La mayoría de estudios concuerdan en que los padres quieren tener la opción de decidir y, cuando la tienen, la mayoría elige acompañarles. Aunque la proporción se reduce a medida que se trata de PI más invasivos, los padres creen que su presencia ayuda al hijo, ya que les permite demostrar su apoyo y afecto. Diversos estudios defienden además la idea de que la presencia de los padres en los PI también es beneficiosa para ellos mismos. Varios estudios demuestran que los padres que presencian los PI tienen menos ansiedad que los que deciden no hacerlo.

Fuente: Anales de Pediatría
 Resumen analítico

Contexto

En las últimas décadas el modelo tradicional de medicina a evolucionado hasta llegar al concepto de “atención centrada en la familia”; trata al enfermo y su enfermedad en su contexto cultural y familiar. El sujeto y su familia son protagonistas participando en la toma de decisiones, la administración de tratamientos y la realización de procedimientos invasivos (PI). Lo anterior es particularmente importante en pediatría, donde los pacientes son niños y los familiares habitualmente padres preocupados. Este documento es una revisión de la literatura relacionada.

Presencia de los padres: orígenes

El temor a que los familiares puedan interferir en la práctica médica y a que no estén preparados para presenciar las maniobras invasivas han hecho que tradicionalmente hayan quedado excluidos del proceso. Sin embargo, en los últimos 30 años, diferentes asociaciones han señalado la importancia de la familia como elemento esencial en la curación de los enfermos.  Los estudios publicados han ido aumentando paulatinamente. En éstos se estudian principalmente aspectos como los beneficios para el propio sujeto, los beneficios o perjuicios para sus familiares y las actitudes del personal sanitario, entre otros puntos.

Visión del sujeto

En pediatría, es difícil evaluar los beneficios que le supone al niño el estar acompañado por sus padres durante un PI, principalmente por la dificultad para evaluar objetivamente dolor y ansiedad, sobretodo en edades tempranas. Sin embargo, en el tratamiento del dolor agudo, la primera medida no farmacológica consiste en que el niño se sienta lo más tranquilo posible particularmente controlando la ansiedad de estar separado de sus padres. Los estudios al respecto han arrojado resultados contradictorios o sin significación estadística.

Visión de los padres

En los últimos años ha aumentado la proporción de padres que quieren estar durante los PI con sus hijos. La mayoría de estudios concuerdan en que los padres quieren tener la opción de decidir y, cuando la tienen, la mayoría elige acompañarles. Aunque la proporción se reduce a medida que se trata de PI más invasivos, los padres creen que su presencia ayuda al hijo, ya que les permite demostrar su apoyo y afecto. Diversos estudios defienden además la idea de que la presencia de los padres en los PI también es beneficiosa para ellos mismos. Varios estudios demuestran que los padres que presencian los PI tienen menos ansiedad que los que deciden no hacerlo.

Visión del personal sanitario

Es el aspecto de mayor controversia. En la mayoría de estudios se observa una mayor predisposición entre el personal de enfermería que entre los médicos. Además, los estudios señalan menor predisposición entre médicos residentes que entre adjuntos (Ver Tabla 1). La literatura hasta el momento, no corrobora los argumentos de la Tabla 1.

Tabla 1. Argumentos del personal sanitario en contra de la presencia de los padres  
  • Mayor nerviosismo de los niños
  • Mayor angustia de los padres
  • Mayor riesgo de denuncias Interrupción del procedimiento
  • Mayor duración del procedimiento
  • Mayor nerviosismo del personal sanitario
  • Peor rendimiento del personal sanitario
  • Interferencia en la formación del personal sanitario

Se han estudiado que factores influyen en la predisposición del personal sanitario. Diferentes estudios han demostrado que a medida que el PI se hace más invasivo, hay una peor predisposición a que los padres estén presentes. Algunos autores han sugerido la importancia del entrenamiento del personal sanitario en este tema y el desarrollo de programas específicos de formación para personal de enfermería, médicos adjuntos y residentes.

La literatura científica hasta el momento está a favor de la presencia de los padres en los PI. Los padres desean tener la opción de decidir sin que esto conlleve perjuicios para ellos, los niños o los profesionales sanitarios. Sin embargo, la posición del personal sanitario sigue siendo ambivalente. Diferentes asociaciones recomiendan establecer un protocolo de presencia de familiares formando en cada centro un grupo de trabajo multidisciplinario.

Funciones de este grupo:

  • Revisar la bibliografía publicada.
  • Realizar reuniones formativas sobre los beneficios de este modelo asistencial, destinadas al personal sanitario.
  • Elaborar protocolos específicos y consensuados.
  • Promover estudios científicos sobre el tema.

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PICADURA DE ARAÑA… manejo

 

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DESHIDRATACION: ESCALA DE VALORACION

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06 ABR 09 | Gastroenteritis aguda
Validación de una escala clínica de deshidratación para niños

Se validaron las tres categorías de la escala clínica de deshidratación en forma prospectiva en pacientes ambulatorios atendidos en un servicio de emergencia.

Dres. Ran D. Goldman, Jeremy N. Friedman and Patricia C. Parkin.
Pediatrics 2008;122;545-549
 

Introducción

La gastroenteritis aguda (GA) es una de las principales causas de hospitalización en niños.  En Estados Unidos, la GA es responsable de aproximadamente 220.000 internaciones en menores de 5 años, provocando un gasto superior a los 2 billones de dolares al año.

Estudios previos sugieren que las habilidades clínicas de los médicos pueden no ser suficientes y necesitar de estudios de laboratorio para un manejo seguro de pacientes con esta patología. Hasta no se hace mucho tiempo, el grado de deshidratación era generalmente determinado sin tener en cuenta ninguna regla clínica unificada y validada. De esta manera, varios autores han intentado determinar a partir de la combinación de signos clínicos la forma mas adecuada de medir el grado de deshidratación. Una revisión sistemática determinó que la observación individual de signos clínicos tales como, relleno capilar, turgencia de piel, y alteración del patrón respiratorio, fueron los signos de mayor capacidad para identificar deshidratación. Sin embargo, también según esta revisión, la agrupación de signos clínicos no mejoraría la capacidad diagnóstica.
 
Los autores del presente trabajo desarrollaron una escala para evaluar el grado de deshidratación en pacientes de 1 a 36 meses con GA llamada Escala Clínica de Deshidratación (ECD). La ECD se compone de 4 items, de 0 a 2 puntos por ítem, que  sumados dan un score total de 0 a 8 puntos para predecir 3 categorías de deshidratación, sin deshidratación (ECD de 0), algún grado de deshidratación (ECD de 1 a 4), y deshidratación moderada a severa (ECD de 5 a 8).

Objetivo

Validar prospectivamente la Escala Clínica de Deshidratación

Material y método

Estudio prospectivo observacional, sobre pacientes de 1 mes a 5 años de edad con GA que asistieron al servicio de emergencias. Se definió GA como enfermedad diarreica de rápida evolución, con o sin síntomas y signos acompañantes tales como nauseas, vómitos, fiebre, o dolor abdominal.

Entre el 1 de enero y 6 de mayo del año 2005, padres de pacientes que asistieron por GA de más de 24 horas de evolución fueron invitados a participar del estudio. Se excluyeron pacientes con GA de mas de 10 días de evolución, y pacientes con sospecha de deshidratación secundaria a otra patología acompañante distinta de GA. También fueron excluidos pacientes tratados con fluidos endovenosos dentro de las 24 horas previas al ingreso o que fueran incluidos previamente en este estudio.

Ingresado al estudio, la enfermera del servicio de emergencia realizó la evaluación del paciente según la ECD y luego se realizó la historia clínica y evaluación clínica del paciente por el pediatra de guardia.

La ECD consta de 4 ítem cada uno con un puntaje de 0 a 2 puntos y que considera: apariencia general (normal, sediento o irritable, somnoliento o comatoso); evaluación de los ojos (normales, leve enoftalmos, muy enoftálmico); evaluación de la mucosa yugal (normal, pastosa, seca); y evaluación de las lágrimas (con lágrimas, disminuidas, ausentes). El puntaje total de la escala va de 0 a 8 puntos.

Luego de la evaluación inicial el paciente fue tratado por el médico sin ningún tipo de intervención activa dependiente del estudio.

Se tuvieron en cuenta la edad de los pacientes, género, tiempo de evolución de la enfermedad, y el número de episodios de vómitos y deposiciones referidos por los padres. También se registró el diagnóstico final del paciente, si requirió internación o no, el tipo de tratamiento realizado y en caso que fueran realizados, valores de los resultados de pruebas de laboratorio. Por último, los autores registraron el tiempo de consulta en la guardia, definido desde el momento en que el paciente ingresaba a la sala de triage hasta el alta o el momento en que se decidía la internación.

Se consideraron 3 hipótesis de trabajo para las tres categorías de deshidratación (sin deshidratación, algún grado de deshidratación, deshidratación moderada a severa). La primer hipótesis fue que el tiempo de permanencia estaba asociado en forma positiva con las 3 categorías de deshidratación. La segunda fue, que la proporción de niños que recibieron fluidos endovenosos estaba asociada en forma positiva con las 3 categorías de deshidratación. La tercer hipótesis suponía una asociación también positiva entre la proporción de niños con alteraciones del medio interno y los 3 grados de deshidratación. Una segunda forma de validación fue buscar una asociación positiva entre las 3 categorías y el número de episodios de diarrea y vómitos.

El estudio contó con la aprobación del comité de ética del Children Research Ethics Borrad, y se obtuvo el consentimiento informado en todos los casos.

Resultados

Características de base

Durante el período estudiado fueron reclutados 211 pacientes. Se excluyeron 2 pacientes por no tener el score correctamente determinado y 3 pacientes por presentar los datos incompletos. De los 206 pacientes el 50% eran varones, la media de edad fue 22,4 ± 14,9 meses.

Los scores de deshidratación fueron 117 niños  (57%) con score 0, 84 niños  (41%) con score de 1 a 4, y 5 niños (2%) con score ≥ 5. Un total de 196 niños (95%) fueron dados de alta del servicio de emergencias, solo 10 niños (5%) fueron internados.
 
Se obtuvieron muestra de sangre para estudios de laboratorio en 59 pacientes (29%). Sobre estos, 17 pacientes tuvieron pH ≤ 7,31, y 23 tuvieron bicarbonato ≤ 17 mEq/L. El 93% de los pacientes en los que se realizó una prueba de laboratorio recibieron, al menos en parte, tratamiento endovenoso.

La mediana de estadía en el servicio de emergencias fue de 231 minutos, media 313 ± 252 minutos. Del total, 21 pacientes fueron dados de alta sin tratamiento de rehidratación. El 86% (177) de los pacientes recibió tratamiento de rehidratación oral en el servicio de emergencias, de los cuales 54 además necesitaron tratamiento endovenoso. Por último solo 8 pacientes recibieron tratamiento endovenoso exclusivo.

Validación de hipótesis

Las 3 categorías de la ECD se asociaron en forma positiva con el tiempo de permanencia del paciente en el servicio de emergencias (sin deshidratación 245 minutos, algún grado de deshidratación 397 minutos, y deshidratación moderada o severa 501 minutos, p < 0,001).

Las tres categorías de la ECD se asociaron en forma positiva con tratamiento con fluidos endovenosos (sin deshidratación 15%, algún grado de deshidratación 49%, y deshidratación moderada o severa 80%, p = 0,001).

Las tres categorías de la ECD presentaron una asociación positiva con la proporción de niveles anormales de pH y bicarbonato, sin embargo, esta asociación no fue estadísticamente significativa.

Discusión

Los autores habían descrito en estudios previos el desarrollo de esta ECD para el uso en niños con GA. Esta escala de fácil y rápida aplicación determina 3 categorías, sin deshidratación, algún grado de deshidratación, y deshidratación moderada o severa. En este trabajo, los autores demuestran en forma prospectiva la asociación entre los grados más altos de la escala con el mayor tiempo de permanencia en el servicio de emergencia y el tratamiento con fluidos endovenosos.

La EDC puede ser de utilidad en el uso como guía clínica para la toma de decisiones terapéuticas en pacientes con GA.

Se han realizado varios esfuerzos para desarrollar una escala simple de deshidratación. Los autores señalan algunos trabajos en los que fueron utilizados los mismos predictores de deshidratación utilizados en este trabajo. Sin embargo, los autores señalan algunas limitaciones dado que tienen medidas de resultado diferentes sobre los niveles de deshidratación, utilizaron médicos en formación. Más recientemente, Steinert y col. realizaron  una revisión sistemática sobre 11 signos clínicos y 7 resultados de laboratorio de 7 estudios diferentes. En este trabajo se demostró  que los signos mas útiles para predecir una deshidratación del 5% fue el relleno capilar enlentecido (OR 4,1 IC95% 1,7-9,8), turgencia anormal de piel (LR 2,5 IC95% 1,5-4,2), y alteración del patrón respiratorio (LR 2 IC95% 1,5-2,7), a si mismo, la combinación de los signos fueron más útiles que el valor individual de cada uno.

El presente trabajo presenta potenciales limitaciones que deben ser tenidas en cuenta. En primer lugar el estudio no fue multicéntrico. Se deberían realizar nuevos estudios multicéntricos que incluyan además países en vías de desarrollo con el objeto de aumentar la validez externa. En segundo lugar, hubo escasos pacientes en la categoría deshidratación moderada / severa. Esto impidió el análisis por separado de este grupo.
En tercer lugar, en este trabajo la validación se realizó por el tiempo de permanencia en el servicio de guardia, este punto puede estar influenciado por múltiples factores. Las variaciones en cuanto a la administración de fluidos también pueden depender del centro asistencial y del pediatra actuante, de todos modos esta variable no fue utilizada para la validación.

En cuarto lugar, es posible que durante la realización del trabajo algunos médicos del servicio hayan comenzado a utilizar la ECD y en consecuencia cambiar las prácticas habituales. Sin embargo, dado el corto período de realización del estudio, este no debería ser considerado un sesgo importante para el estudio.

Quinto, dado el escaso número de pacientes en los que se realizó pruebas de laboratorio, no fue posible probar la tercer hipótesis (asociación positiva entre la escala y alteraciones del medio pH y el bicarbonato).

Conclusiones

Se validaron las tres categorías de la ECD en forma prospectiva en pacientes ambulatorios atendidos en un servicio de emergencia.

La ECD fue útil para predecir mayor tiempo de permanencia en el servicio de guardia en niños con GA.

La ECD puede ser útil en la toma de decisiones como guía para el tratamiento de niños con GA.

Comentario

Los resultados del trabajo son los esperables. La mayoría presentaron deshidratación leve a moderada. Sin embargo, es de destacar que hubo un 15% de pacientes que recibieron tratamiento de rehidratación con un score de 0 (cero) en la ECD.
 
La creación, formación y reformulación de escalas clínicas de predicción y la valoración de su nivel sensibilidad y especificidad puede ser tentador para los autores. En estos casos, debe estudiarse la escala como si fuera una prueba diagnóstica, por tal motivo, debe ser comparado contra un patrón de oro, y a partir de ahí medir con que sensibilidad y especificidad predice la enfermedad.

Humildemente, creo que los autores no eligieron el mejor patrón de oro para medir el grado de deshidratación. Ellos utilizaron el tiempo de permanencia en el servicio de emergencias como posible factor indirecto del grado de deshidratación, sin embargo el mayor tiempo de permanencia no indica estrictamente el grado de deshidratación de un paciente.

Es necesario poder contar con observaciones objetivas de enfermedades que atendemos a diario. Esto ayuda a tener un criterio unificado de diagnóstico y en consecuencia de tratamiento. Este tipo de observaciones mediante escalas disminuyen la subjetividad y también permiten hacer trabajos de tipo comparativos.

Sin dudas que se necesitan más estudios al respecto con mejores medidas de resultado, que permitan medir su eficacia y eficiencia, para poder utilizar esta escala como una herramienta de decisión clínica.

♦ Traducción objetiva y comentario: Dr. Fernando Adrián Torres

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ABSTRACS ENERO 2009

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Early introduction of fish decreases the risk of eczema in infants

Bernt Alm 1*, Nils Åberg 2, Laslo Erdes 3, Per Möllborg 4, Rolf Pettersson 5, Gunnar Norvenius 2, Emma Goksör 2 and Göran Wennergren 2

Background: The prevalence of eczema in infants has increased in western societies. It has been suggested that environmental factors and the introduction of food affect the risk of eczema.

Aims: To investigate the current prevalence of eczema among infants in western Sweden, to describe current patterns of food introduction and to assess risk factors for eczema at one year of age.

Methods: Data were obtained from a prospective, longitudinal study of a cohort of infants born in the region of western Sweden in 2003; 8176 families (50% of the birth cohort) were randomly selected and, at six months of age, they received an invitation to participate, together with a questionnaire. The families that agreed received another questionnaire when the infants were twelve months old. Answers to both questionnaires and Medical birth register data were obtained for 4921 infants, i.e. 60.2% of the originally selected population.

Results: At one year of age, 20.9% of the infants had previous or current eczema. The median age at onset was four months. In the multivariable analysis, a familial occurrence of eczema, especially in siblings (OR 1.87; 95% confidence interval 1.50-2.33) or the mother (OR 1.4; 95% CI 1.30-1.84), remained as an independent risk factor. Beneficial effects of introducing fish before nine months of age (OR 0.76; 95% CI 0.62-0.94) and having a bird in the home (OR 0.35; 95% CI 0.17-0.75) were seen. We found no effects from short-term breast-feeding, the age at which milk or eggs were introduced, a cat or dog in the home or parental smoking.

Conclusions: One in five infants suffer from eczema during its first year of life. A familial occurrence of eczema increased the risk. Beneficial effects were seen from introducing fish before nine months of age or having a bird in the home. The duration of breast-feeding or the age at which milk or eggs were introduced did not affect the risk of eczema.

 


Prescribing trends in asthma: a longitudinal observational study

S Turner1, M Thomas2, J von Ziegenweidt3, D Price2,3

Background: Inhaled corticosteroids (ICS) are effective treatment for childhood asthma. Cross-sectional studies indicate that some asthmatic children are treated with excessively high doses of ICS and are at risk of serious adverse effects.

Objective: To describe longitudinal trends in asthma prescribing for children, with particular reference to very-high-dose (unlicensed) ICS prescribing.

Design: Retrospective, cross-sectional, observational study of general practitioner prescribing for asthma drugs in children aged under 12 years with a recorded asthma diagnosis between 1992 and 2004 using the General Practice Research Database (GPRD).

Results: Data were available for an average of 357 956 children per year. The percentage of children prescribed ICS increased from 2.7 in 1992 to 7.0 in 1997 and 1998 and then fell to 3.3 in 2004. In children under 5 years with asthma, very-high-dose ICS prescriptions (>400 µg/day) fell from 10.6% of all ICS prescriptions in 1992 to 4.5% by 2004. In contrast, very-high-dose ICS prescriptions (>800 µg/day) for asthmatic children aged 5–11 years rose from 1.1% in 1992 to 4.6% in 2004. Oral corticosteroid prescribing in under 5-year-olds who had been prescribed ICS fell from 37.1% in 1992 to 21.7% 1999 and remained constant thereafter; the respective percentages for those aged 5–11 years olds were 20.1 and 12.4.

Conclusions: Trends for corticosteroid prescribing in childhood asthma changed dramatically between 1992 and 2004. There are several plausible reasons for this.

 

Environmental exposures and respiratory morbidity among very low birth weight infants at 1 year of life

J S Halterman1, K A Lynch1, K M Conn1, T E Hernandez1, T T Perry2, T P Stevens1

Introduction: Preterm infants have a substantially increased risk of developing respiratory illnesses. The goal of this study was to consider the impact of modifiable postnatal exposures on respiratory morbidity among a cohort of very low birth weight (VLBW) infants.

Objectives: (1) Assess the rates of respiratory morbidity and exposure to indoor respiratory triggers in a population of VLBW infants at 1 year; (2) determine the association between exposures and respiratory morbidity.

Methods: We enrolled 124 VLBW infants into a prospective cohort study. Parents were called at 1 year to assess respiratory outcomes and environmental exposures. We used bivariate and multivariate analyses to assess the relationship between environmental exposures and acute care for respiratory illnesses.

Results: At 1 year, 9% of infants had physician-diagnosed asthma, 47% required >=1 acute visit and 11% required hospitalisation for respiratory illness. The majority of infants (82%) were exposed to at least one indoor respiratory trigger. Infants living with a smoker (61% vs 40%) and infants exposed to pests (62% vs 39%) were more likely than unexposed infants to require acute care for respiratory problems. In a multivariate regression controlling for demographics, birth weight, bronchopulmonary dysplasia, and family history of asthma or allergies, both living with a smoker (OR 2.62; CI 1.09 to 6.29) and exposure to pests (OR 4.41; CI 1.22 to 15.94) were independently associated with the need for acute care for respiratory illnesses.

Conclusions: In this sample, respiratory morbidity and exposure to triggers were common. VLBW infants may benefit from interventions that decrease exposure to respiratory triggers.

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DERMATITIS ATOPICA Autoevaluación

 

Therapeutic options for treating atopic dermatitis (AD) in children, including the differences between topical corticosteroids and topical calcineurin inhibitors, are reviewed in an article in the October issue of Pediatrics. The review also highlights new treatment strategies being used by specialists in AD, including comprehensive “education-as-intervention” models, wet wraps, bleach baths, and systemic immunomodulatory therapies.

“Parents of patients with…AD turn to their primary caregivers for guidance regarding this physically demanding and psychologically stressful condition,” write Andrew C. Krakowski, MD, from the University of California, San Diego, and colleagues. “It is a chronic illness that requires a multifaceted treatment strategy in the setting of limited therapeutic options. Balancing safety concerns with efficacious treatment is of particular importance in the pediatric population.”

One of the most prevalent skin disorders in young children is AD, affecting 10% to 20% of children younger than 10 years and often adversely affecting the child’s overall health and development. Onset is usually by age 1 year in approximately 60% of affected infants and by age 5 years in approximately 85% of affected children.

The cornerstone for treatment of AD is still topical corticosteroids because of their broad-spectrum anti-inflammatory activity as well as their antiproliferative, immunosuppressive, and vasoconstrictive actions. One of the chief mechanisms of action is thought to be suppression of the release of inflammatory cytokines. Concerns about potential long-term risks for corticosteroid use, particularly in young children, have been to some extent alleviated by recent evidence.

Regimens of corticosteroid therapy may include starting treatment with a more potent preparation to induce remission, followed by a relatively quick tapering down of preparation potency as the AD improves, with a subsequent stepwise model allowing as-needed management on the basis of disease activity. Another strategy is to use short bursts of a potent preparation followed by a steroid-free “holiday period” of emollient use only until relapse occurs. Yet another strategy is use of more prolonged, continuous treatment with less potent preparations.

“Regarding dosage frequency, 1 large systematic review revealed that using twice-daily applications of topical corticosteroids was no more effective than once-daily application,” the study authors write. “Ultimately, providers should consider drug-specific FDA [US Food and Drug Administration] indications when educating and instructing patients on topical corticosteroid usage.”

For children with severe and/or refractory AD, wet wraps with once-daily application of topical corticosteroids appear to be effective and safe in the short-term, although temporary systemic bioactivity of the corticosteroids has been reported as a serious adverse effect. If overused or used incorrectly, wet wraps may also cause maceration of the skin and secondary infections, and they may promote skin dryness if sufficient emollients are not included in the regimen.

For selected patients, notably those who are prone to frequent flares and who need AD treatment in sensitive skin areas, such as around the eye, face, neck, and genital area, topical calcineurin inhibitors appear to be an effective therapeutic option that can offer targeted anti-inflammatory activity and can also reduce steroid use.

Some patients may require systemic anti-inflammatory activity offered by oral immunomodulating agents, such as azathioprine, cyclosporine, and mycophenolate. Phototherapy is also proposed to have anti-inflammatory activity.

Available treatments target various features of AD. Emollients, moisturizers, and barrier devices relieve xerosis by moisturizing dry skin and helping to repair the defective skin barrier. Topical or orally administered anti-infective agents are used to treat cutaneous bacterial, fungal, or viral infections. Another approach to reducing infections is use of bleach baths, which are proposed to decrease the microbial load on colonized and/or superinfected skin.

In selected patients, antihistamines may be useful as adjunctive therapy. Their sedating effect may help children sleep through the night, thereby indirectly decreasing night-time scratching resulting in skin excoriation.

Overall management depends not only on pharmacotherapy but also on a multiprong approach. Clinicians should educate caregivers about the chronic, unpredictable course of AD, typically marked by flares that can occur despite optimal management. Because of the compromised epidermal barrier in AD, it is essential to pay careful attention to proper skin care.

Realizing that AD is a multifactorial disease, with one of the proposed mechanisms being immune dysfunction, clinicians should counsel their patients to avoid potential triggers, which helps prevent known allergic reactions and inflammatory responses.

Potential triggers may be those associated with direct contact, such as toiletries containing alcohol, astringents, or fragrances; harsh detergents or soaps; or abrasive clothing made of wool or synthetics. Physiologic and emotional stressors precipitating AD flares may include psychological stress; infections with Staphylococcus aureus, viruses, or fungi; and overheating or sweating.

Dietary triggers include food allergens found in cow’s milk, eggs, peanuts, tree nuts such as walnuts or cashews, soy, wheat, fish, shellfish, or foods processed with any of the above.

To achieve long-term success for patients with AD, a team-oriented approach is needed, including primary care clinicians, specialists, nurses, psychologists, behavioral therapists, and other healthcare professionals.

“Successful management involves educating patients and their families about AD, reducing signs and symptoms of the condition, preventing and decreasing the degree and frequency of flares, modifying the overall disease course, and, possibly, slowing the atopic march,” the study authors conclude. “A comprehensive long-term strategy that encompasses education, trigger avoidance, excellent skin care, and treatment (pharmacologic and nonpharmacologic measures) is vital. Physicians should use their understanding of the variety of available treatment options to develop a personalized therapeutic strategy that is tailored to the individual child’s age and needs, extent and localization of AD at presentation, and overall disease course (including persistence, frequent flares, etc).”

Two of the study authors have disclosed serving as investigators and consultants for multiple pharmaceutical-sponsored studies on atopic dermatitis.

Pediatrics. 2008;122:812-824.

Clinical Context

AD affects 10% to 20% of children, according to Larsen and Hanifin in the February 2002 issue of Immunology and Allergy Clinics of North America. The primary factors in AD are epidermal barrier function defects and skin inflammation. The diagnosis of AD is based on combined essential, important, and associated nonspecific features. Essential features include pruritus, eczematous dermatitis, typical morphologic features with age-specific patterns, and chronic or relapsing nature.

This review of AD describes the management of AD, including topical corticosteroids, topical calcineurin inhibitors, and new treatments.

Study Highlights

  • Education is a crucial part of management:
    • A 6-week education program for parents resulted in improved quality of life and eczema severity for their children older than 12 months.
    • Comprehensive centers can provide care in dermatology, allergy, infectious disease, and behavioral psychology.
  • Trigger avoidance measures include mattress covers, low-pile carpet, pets that do not produce dander, and avoidance of known food allergens.
  • The American Academy of Pediatrics 2008 breast-feeding guidelines recommend exclusive breast-feeding for at least 4 months to decrease AD incidence in the first 2 years of life in children at high risk for AD.
  • There is no evidence that delaying solid food, including cow’s milk, fish, eggs, and peanut-containing foods, after ages 4 to 6 months protects against AD.
  • Studies on probiotic effects on risk for AD had conflicting results.
  • Skin care recommendations include dye-free, fragrance-free emollients and moisturizers applied at least twice a day, ointments, and ceramide-rich products.
  • “510(k) medical devices” are approved by the US Food and Drug Administration as new barrier products.
  • Bathing in lukewarm water with moisturizing cleanser for several minutes once or twice a day should be followed by use of a towel to pat dry and emollients.
  • Avoid fragrance soaps or bubble baths.
  • First-line treatment of AD flares is topical corticosteroids:
    • Class I are most potent and class VII, least potent.
    • Adverse effects are skin atrophy, striae, telangiectasias, hypopigmentation, rosacea, perioral dermatitis, acne, cataracts, glaucoma, hypothalamic-pituitary-adrenal axis suppression, growth retardation, and bone density reduction.
    • Twice-a-day use has the same effect as once-a-day use.
  • The topical calcineurin inhibitors tacrolimus and pimecrolimus are second-line treatment for short-term and noncontinuous long-term use in immunocompetent patients at least 2 years old with moderate to severe AD:
    • Long-term safety is not known, according to 2006 US Food and Drug Administration boxed warning.
    • Indications include AD persistence or frequent flares requiring almost continuous topical corticosteroids and involvement of sensitive skin areas.
  • Sedating antihistamines hydroxyzine and diphenhydramine might improve sleep but do not directly affect AD-related pruritus.
  • Possible complications include overgrowth of S aureus, Molluscum contagiosum, eczema herpeticum, eczema vaccinatum, and fungal infections.
  • If bacterial superinfection occurs, culture for methicillin-resistant S aureus should be considered.
  • Diluted bleach baths can decrease local skin infections and need for systemic antibiotics.
  • Wet wraps and once-daily topical corticosteroids are effective for severe or refractory AD, but close supervision is needed because of risk for skin maceration or secondary infection.
  • Systemic immunomodulatory therapies can be used for refractory AD:
    • Multiple phototherapy sessions
    • Short-term cyclosporine; long-term use can be linked with hypertension and renal toxicity
    • Azathioprine monotherapy; monitor blood cell counts and liver function tests
    • Mycophenolate mofetil appears safe; prospective controlled studies are needed.
  • Dermatology referral indications include moderate or severe AD, poor response to moderate-potency topical corticosteroids, persistent AD, frequent flares, AD-related hospitalization, and systemic therapy.
  • Other specialty referrals include allergy referral for suspected specific triggers and gastroenterology or immunology referral for possible eosinophilic gastroenteritis or esophagitis with failure to thrive or frequent systemic infections.

Pearls for Practice

  • In children with atopic dermatitis, the first-line treatment is topical corticosteroids, with potency ranging from the least potent class VII to the most potent class I. Second-line treatment of frequent flares or sensitive skin areas is a topical calcineurin inhibitor, for use in children 2 years or older.
  • New treatment modalities for children with atopic dermatitis include education models; bleach bath; wet wraps; and systemic immunomodulatory therapies, including phototherapy, cyclosporine, azathioprine, and mycophenolate mofetil
A 12-month-old child who was recently diagnosed with atopic dermatitis presents to your office for a flare-up of the condition. The physical examination is significant for erythematous, mildly excoriated areas in the antecubital fossa. There is no crusting or folliculitis. The parents are currently using a fragrance-free moisturizer twice a day. Which of the following is the most appropriate next step in management?
  a) Topical calcineurin inhibitor
  b) Topical steroid class I
  c) Topical steroid class VII
  d) Antibiotic treatment of methicillin-resistant S aureus
  e) All of the above

 

Which of the following statements about the treatment of atopic dermatitis in children is most accurate?
  a) Multiple phototherapy treatments are effective
  b) Incorrect use of wet wraps is linked with skin maceration
  c) Bleach baths can reduce the need for systemic antibiotics
  d) Liver function tests should be monitored if azathioprine is used
  e) All of the above

 

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Guidelines Address Physical Activity for Individuals 6 Years and Older

October 9, 2008 — The US Department of Health and Human Services (HHS) has issued guidelines regarding the types and amounts of physical activity that provide substantial health benefits for physical activity for individuals 6 years and older. These 2008 Physical Activity Guidelines for Americans are posted online at the HHS Web site. Although primarily targeting policymakers and health professionals, the information in these guidelines may also be useful to interested members of the lay public.

“Along with President Bush, I believe that physical activity should be an essential component of any comprehensive disease prevention and health promotion strategy for Americans,” HHS Secretary Michael O. Leavitt writes in a letter introducing the guidelines. “We know that sedentary behavior contributes to a host of chronic diseases, and regular physical activity is an important component of an overall healthy lifestyle. There is strong evidence that physically active people have better health-related physical fitness and are at lower risk of developing many disabling medical conditions than inactive people.”

Regular physical activity each week, sustained for months and years, can produce long-term health benefits. Strong evidence links regular physical activity with a lower risk for early death, heart disease, stroke, type 2 diabetes, hypertension, hyperlipidemia, metabolic syndrome, colon and breast cancers, and depression. Regular physical activity also promotes prevention of weight gain, weight loss when combined with diet, better cardiorespiratory and muscular fitness, fall prevention, and better cognitive function in older adults.

The 2008 Physical Activity Guidelines were designed to complement the Dietary Guidelines for Americans, which were developed by HHS and the US Department of Agriculture. When used together, these guidelines may help promote good health and reduce the risk for chronic diseases by emphasizing the importance of being physically active and eating a healthy diet.

When writing the guidelines, HHS primarily used a report from an appointed external scientific advisory committee (the Physical Activity Guidelines Advisory Committee) as well as comments from the public and government agencies.

Major research findings on the health benefits of physical activity, gathered by the Physical Activity Guidelines Advisory Committee after a review of the literature and other available evidence, are as follows:

  • Regular physical activity lowers the risk for many adverse health outcomes.
  • Although some physical activity is better than none, higher intensity, greater frequency, and/or longer duration of physical activity provide additional benefits for most health outcomes.
  • At least 150 minutes per week of moderate-intensity physical activity, such as brisk walking, is needed for most health benefits, but more physical activity provides additional benefits.
  • Aerobic (endurance) and muscle-strengthening (resistance) physical activity both promote better health.
  • In every studied racial and ethnic group, and in children and adolescents, young and middle-aged adults, and older adults, physical activity is linked to health benefits.
  • People with disabilities also receive health benefits from physical activity.
  • The benefits provided by physical activity far outweigh the risk for harms.

 

Key guidelines for physical activity for children and adolescents are as follows:

  • Children and adolescents should engage in at least 1 hour of physical activity daily, preferably in physical activities that are appropriate for their age, that are enjoyable, and that offer variety.
  • Most of this activity should be either moderate- or vigorous-intensity aerobic physical activity.
  • Vigorous-intensity physical activity, muscle-strengthening physical activity, and bone-strengthening physical activity should each be performed at least 3 days per week.

 

Key guidelines for physical activity for adults, including older adults, are as follows:

  • All adults should avoid inactivity. Participation in any amount of physical activity is associated with some health benefits relative to no physical activity.
  • At least 150 minutes per week of moderate-intensity, or 75 minutes a week of vigorous-intensity aerobic physical activity, or an equivalent combination of moderate- and vigorous-intensity aerobic activity offers substantial health benefits.
  • Aerobic activity should preferably be spread throughout the week and performed in episodes of at least 10 minutes.
  • Aerobic physical activity of 300 minutes per week of moderate intensity, or 150 minutes per week of vigorous intensity aerobic physical activity, or an equivalent combination of moderate- and vigorous-intensity activity, is associated with additional and more extensive health benefits.
  • Engaging in physical activity beyond this amount provides additional health benefits.
  • Muscle-strengthening activities that are moderate or high intensity and involve all major muscle groups should be performed on 2 or more days per week for additional health benefits.

 

Additional guidelines specific to older adults are as follows:

  • When chronic conditions prevent older adults from doing 150 minutes of moderate-intensity aerobic activity per week, they should be as physically active as their abilities and conditions allow. They should understand whether and how their conditions affect their ability to do regular physical activity safely.
  • Older adults at risk of falling should do exercises that maintain or improve balance.
  • Older adults should determine their level of effort for physical activity relative to their fitness level.

 

Adults, children, and adolescents with disabilities should follow the guidelines for their age group if possible, or if not, they should be as physically active as their abilities allow, with guidance from their healthcare provider. They should avoid inactivity.

Healthy pregnant and postpartum women who are not already engaged in vigorous-intensity physical activity should get at least 2 hours and 30 minutes of moderate-intensity aerobic activity per week, preferably spread throughout the week. Those who regularly engage in vigorous-intensity aerobic activity or in high amounts of activity can continue with this regimen, provided that their condition remains unchanged and that they consult with their healthcare provider regarding their activity level throughout their pregnancy.

US Dept of Health and Human Services. 2008 Physical Activity Guidelines for Americans.

Published online October 18, 2008.

Clinical Context

Regular physical activity each week, sustained for months and years, is linked to long-term health benefits, including reduced risks for early death, heart disease, stroke, type 2 diabetes, hypertension, hyperlipidemia, metabolic syndrome, colon and breast cancers, and depression. Evidence is also strong that regular physical activity is associated with prevention of weight gain, weight loss when combined with diet, better cardiorespiratory and muscular fitness, fall prevention, and better cognitive function in older adults.

The HHS designed these Physical Activity Guidelines for Americans to be used together with Dietary Guidelines for Americans, which were developed by HHS and the US Department of Agriculture. When used together, these recommendations may provide health benefits and lower the risk for chronic diseases by highlighting the importance of being physically active and eating a healthy diet.

Study Highlights

  • Health benefits of physical activity are as follows:
    • Regular physical activity reduces the risk for many adverse health outcomes.
    • Some physical activity is better than none. Greater intensity, higher frequency, and/or longer duration of physical activity offer additional benefits for most health outcomes.
    • Moderate-intensity physical activity, such as brisk walking, at least 150 minutes per week is needed for most health benefits. More physical activity offers additional benefits.
    • Aerobic (endurance) and muscle-strengthening (resistance) physical activity both promote better health.
    • Physical activity is linked to health benefits in every studied racial and ethnic group; in children and adolescents; in young, middle-aged, and older adults; and in people with disabilities.
    • The benefits provided by physical activity far outweigh the risk for harms.
  • Key guidelines for physical activity are as follows:
    • Children and adolescents should engage in 1 or more hours of physical activities daily, preferably those that are age appropriate, enjoyable, and that offer variety. Most of this activity should be moderate- or vigorous-intensity aerobic physical activity, with vigorous-intensity physical activity, muscle-strengthening physical activity, and bone-strengthening physical activity each to be performed 3 or more days per week.
    • All adults should avoid inactivity; some physical activity is better than none.
    • In adults, at least 150 minutes per week of moderate-intensity, 75 minutes per week of vigorous-intensity aerobic physical activity, or an equivalent combination of both, offers substantial health benefits.
    • Aerobic activity should preferably be spread throughout the week, in episodes of at least 10 minutes. Additional, more extensive health benefits are offered by 300 or more minutes per week of moderate intensity, 150 minutes per week of vigorous-intensity aerobic physical activity, or an equivalent combination of both. More of this activity is even better.
    • Moderate- or high-intensity muscle-strengthening activities that involve all major muscle groups should be performed on 2 or more days per week for additional health benefits.
    • Older adults should follow the adult guidelines whenever possible, or they should be as physically active as their abilities and conditions allow, while observing safety precautions.
    • Older adults at risk of falling should do exercises that maintain or improve balance.
    • Adults, children, and adolescents with disabilities should follow guidelines for their age group if possible. If not, they should be as physically active as their abilities allow, with guidance from their healthcare provider.
  • Healthy pregnant and postpartum women not already engaged in vigorous-intensity physical activity should get 2.5 or more hours of moderate-intensity aerobic activity per week, preferably spread throughout the week. Those already engaged in such activity can continue their usual activity levels, provided that their condition remains unchanged and that they consult with their healthcare provider.

Pearls for Practice

  • The HHS 2008 Physical Activity Guidelines for Americans describe the numerous health benefits of regular physical activity in reducing the risk for many adverse health outcomes in every age, racial, and ethnic group studied. Some physical activity is better than none, but greater intensity, higher frequency, and/or longer duration of physical activity offer additional benefits for most health outcomes.
  • Key guidelines for physical activity are that children and adolescents should engage in 1 or more hours of physical activities daily, mostly moderate- or vigorous-intensity aerobic physical activity, with vigorous-intensity physical activity, muscle-strengthening physical activity, and bone-strengthening physical activity each performed 3 or more days per week. In adults, at least 150 minutes per week of moderate-intensity, 75 minutes a week of vigorous-intensity aerobic physical activity, or an equivalent combination of both, offers substantial health benefits.
According to the HHS 2008 Physical Activity Guidelines for Americans, which of the following statements about the effects of physical activity on health benefits is correct?
  a) For those who do not follow guidelines for optimal activity, smaller amounts of activity provide no benefit
  b) The risks for physical activity often outweigh the benefits
  c) Physical activity in excess of recommended guidelines can be harmful
  d) Aerobic and muscle-strengthening physical activity both promote better health

 

According to the HHS 2008 Physical Activity Guidelines for Americans, which of the following statements about recommended physical activity levels is not correct?
  a) Children and adolescents should engage in 1 or more hours of physical activities daily
  b) Structured calisthenic programs are better for children than playground sports of comparable intensity
  c) Adults should engage in at least 150 minutes per week of moderate-intensity, 75 minutes per week of vigorous-intensity aerobic physical activity, or an equivalent combination of both
  d) Older adults at risk of falling should do exercises that maintain or improve balance

 

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