Archivos para 30 enero 2008

OTC Cough and Cold Products: Not for Infants and Children under 2 years of Age

friosur_210320060001111.jpghttp://www.fda.gov/consumer/updates/coughcold011708.html

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SIAMESAS EN EL ROOSEVELT

siameses.jpghttp://www.prensalibre.com/pl/2008/enero/29/217065.html

Les comparto esta noticia médica local, donde nuestro amigo Mario Herrera, comparte ante la opinión pública sobre el manejo de la Siamesas nacidas en el Hospital Roosevelt, enero 2008

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INICIO DE LA VIDA

bebeaborto.jpgBases biológicas del inicio de la vida

http://es.catholic.net/abogadoscatolicos/449/853/articulo.php?id=28291

Les comparto este link, donde se entrevista a la Dra. Anna Guili, Biologa Molecular referente al Inicio de la Vida desde el punto de vista BIOMOLECULAR.

me gustaría que dejaran sus comentarios para iniciar un foro sobre el tema.

DR. LUIS ALFREDO RUIZ

CADA NIÑO QUE NACE, NOS RECUERDA QUE DIOS AUN CONFIA EN EL HOMBRE!!!

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VIOLENCIA EN LA T.V.

naruto.jpg20061206030800-nuestros-ninos.jpg

He querido publicar información vital para el seguimiento de la influencia televisiva sobre nuestros pacientes, y conocer los efectos adversos a los que nos podemos enfrentar con este tipo de información que ellos reciben. Pero lo mejor será el saber como orientar y apoyar a los Padres de familia para evitar que esto suceda. 

DR. LUIS ALFREDO RUIZ

PEDIATRA luisr22@gmail.com  

09 ENE 08 | ¿Qué miran nuestros niños?
Violencia televisiva y alteraciones de conducta

La violencia televisiva favorece la aparición de conductas antisociales

Dres. Dimitri A. Christakis and Frederick J. Zimmerman

Desarrollo
(Comentario y resumen objetivo: Dra. María Eugenia Noguerol)
Se considera que los niños menores de 6 años pasan en promedio 2 horas al día frente a una pantalla, la mitad mirando televisión (TV) y el resto con DVD/videos, computadora y videojuegos. Sin embargo, más importante es lo que miran. El 95% de los niños ve programas que no están hechos para audiencias jóvenes, y aún la programación comercial de TV para niños puede representar un riesgo para los más pequeños. El nivel de violencia en programas de aire destinados a niños exceden muchas veces al de los programas de adultos; incluso las películas infantiles muestran personajes manifestando violencia con regocijo o llanto.Estudios experimentales en escolares y adolescentes encontraron que la programación televisiva está asociada con violencia, y confirmaron que reduciendo esta situación disminuye la conducta agresiva. Algunos estudios muestran que el efecto de la TV antes de los 5 años es un factor de riesgo potencial para el desarrollo de conductas desafiantes y agresión en la escuela temprana, pero no distinguen entre los tipos de programas involucrados.El consenso entre investigadores es que el contenido de la programación es el mediador crítico de los efectos de la TV en los niños.
Los autores realizaron este estudio para determinar si la exposición frecuente a programación televisiva violenta durante la edad preescolar podría llevar a conductas agresivas posteriores.MétodosFuente de datos

Los datos se obtuvieron del Panel de Estudio de Ingresos Dinámicos (PEID), un análisis longitudinal que se inició con 4800 familias en 1968 supervisado por la Fundación Científica Nacional de Estados Unidos. En 1997 se agregó el Cuestionario de Desarrollo Infantil (CDI) que se administró a cuidadores primarios de 3563 niños entre 0 y 12 años, e incluyó datos demográficos, psicológicos y de comportamiento en padres y niños, y datos sobre el uso del tiempo diario (un día a la semana y uno de fin de semana durante un año escolar). Entre los hogares elegidos como muestra del PEID, se obtuvieron datos en 1997 con el CDI en el 88% de los casos. En el 2002, los respondedores fueron evaluados con una encuesta similar, con una tasa de seguimiento del 91%.

Población

Se incluyeron a todos los niños con edades comprendidas entre 24 y 60 meses en 1997, y que fueron reevaluados a los 5 años siguientes, cuando tenían 7a 9 años de edad.

Variables de resultado

Los padres completaron el “Indice de Problemas de Comportamiento” (IPC) que investiga conductas antisociales a partir de los siguientes parámetros: el niño es tramposo, mezquino con los demás, no muestra arrepentimiento, es destructivo, desobedece en la escuela y tiene problemas con sus docentes, cada uno con 3 opciones de respuesta (de “no es cierto” a “a menudo es cierto”), obteniéndose un 12,2% de  niños con conductas antisociales. Este punto de corte fue utilizado en un esfuerzo por aproximarse al Percentilo 90 usado en otros estudios donde se aplicó el PCI y que indicaba tendencia a padecer alteraciones de conducta.

Principales predictores

Se utilizaron los datos de programación diaria de la época, y se clasificaron los shows de TV y las películas de video por su contenido. Se asignó un atributo educativo cuando tenían un claro intento por enseñar, con un componente cognitivo o prosocial explícito (lección con contenido similar al escolar o sobre conductas apropiadas y relaciones interpersonales). Se consideró contenido violento cuando la agresión era parte central de la trama o del personaje, si el principal objetivo era la pelea, o si el nivel de violencia en el programa era superior a lo esperado en un día cotidiano en la vida del niño. El término “violencia” incluyó: lenguaje hostil, conducta amenazadora y agresión ficticia o real. Los shows se clasificaron en 3 categorías: educativo, no violento y violento.

Covariables

Se ajustaron como covariables: raza, etnia, sexo, edad al momento del estudio, educación de los padres, presencia paterna en el hogar, depresión materna, estimulación emocional y cognitiva del niño, conductas antisociales, castigo físico severo hacia el niño y relación parental conflictiva con los hijos.

Resultados

Se obtuvieron datos de 184 niños y 146 niñas en ambos períodos de estudio. La edad promedio de los participantes fue de 49 meses.
Ajustada para todas las covariables, la programación televisiva violenta fue asociada con un riesgo aumentado de comportamiento antisocial en general. En el análisis estratificado, sin embargo, la asociación estuvo presente para los varones pero no para las niñas. La programación no violenta y la educativa no se asociaron con conductas agresivas para ninguno de los sexos. Disminuir el tiempo de exposición en aquellos niños que miran más de 5 horas diarias de programas violentos en TV atenuó pero no eliminó la asociación entre este hecho y la manifestación de conductas antisociales o de agresividad.

Discusión

Los autores encontraron en este estudio que el hecho de mirar programas violentos en TV a los 2-4 años de edad se asocia con un riesgo aumentado de conductas antisociales a la edad de 7-9 años para los niños, pero no para niñas. No se encontró un efecto significativo de los otros tipos de programación sobre las alteraciones de la conducta para ambos sexos. Estos hallazgos confirman los datos de otros autores en los cuáles la exposición a escenas violentas en TV promueven la agresión en la vida real.
Los diferentes efectos del contenido, particularmente de los programas educativos, tienden a producir un efecto protector importante y sugiere la alternativa de que ciertos tipos de programas pueden ser beneficiosos para los niños sin disminuir necesariamente todas las horas frente a la TV. Otros autores encontraron que la selección de programas puede promover comportamientos prosociales en niños preescolares.
Es también interesante la asociación hallada para niños y no para niñas. Esto podría atribuirse a diferencias de sociabilización entre sexos, predisposición genética para la agresión, o quizás a la selección de programas debido a que miran cosas diferentes.
Estos resultados son importantes ya que la conducta agresiva en la infancia temprana ha sido repetidamente vinculada con violencia en la infancia y adolescencia. Aunque algunas conductas agresivas menores están presentes desde la infancia, la agresión manifiesta comienza durante la infancia temprana y el preescolar, y la pelea real física y la violencia interpersonal ocurren tardíamente durante la pubertad y la adolescencia. Los primeros años de vida del niño constituyen el período crítico durante el cuál la mayoría aprende a usar alternativas no agresivas frente a situaciones violentas; cuando esto no ocurre los jóvenes pueden continuar una trayectoria de agresión.
Estos hallazgos deben ser interpretados dentro de ciertas limitaciones: la naturaleza observacional de estudio no permite establecer en forma definitiva una relación causa-efecto. Sin embargo, el control de conductas antisociales está basado en datos confirmados en forma experimental en niños mayores,  apoyando esta posibilidad. Además se perdieron ciertos datos de algunos shows en particular, principalmente los dibujos animados. La clasificación de este tipo de programas como no violentos puede haber sesgado los resultados porque gran parte de ellos son realmente agresivos.Aún con estas limitaciones, los resultados de los autores sugieren que la modificación de la programación televisiva para preescolares podría tener efectos a largo plazo sobre la conducta agresiva en niños mayores.ComentarioDistintas situaciones de la vida cotidiana (actividad laboral de ambos padres, supervisión del niño por personas mayores o cuidadores, inseguridad en las calles, etc.) llevan a que los niños pasen su tiempo libre frente a una pantalla de televisión, muchas veces sin control del contenido de los programas que miran. Diversos estudios apoyan la teoría de que la programación televisiva violenta puede influir en niños pequeños desencadenando a largo plazo conductas agresivas o desafiantes. La supervisión de los programas que miran los niños por parte de cuidadores primarios y el fomento de actividades recreativas y del juego, pueden contribuir al entretenimiento del niño pequeño disminuyendo su exposición a situaciones violentas que puedan influir en su conducta durante la edad escolar y la adolescencia.http://www.youtube.com/watch?v=NTJprrncMdE

COMENTARIO

Gracias Luis, buenísimos los videos de las caricaturas, es increible, sino recordate de Tom y Jerry, el artículo muy bueno, creo que el problema actual, es que muchas mamás trabajan, y dejan a sus hijos solos , y la forma de vida peligrosa en la calle , no deja que los niños socialicen como lo hacía uno, jugaba en la calle con sus amigos y no pasaba nada, a lo mejor ahora que hay condominios eso va a mejorar y permitir que los niños socialicen, el otro punto es la gente pobre, es decir no tienen nada están en la calle, y si tienen TV, es díficil. toda la gente quiere cable, por muy pobre o ignorante que sea.
En fin, lo seguro es que no es bueno ver TV, has visto la publicidad que dan por ejemplo en discovery Kids, que es un canal de los menos malos? completamente inadecuado, y si los niños reciben esa información solos , peor.  la tarea de los padres debería ser , estar siempre allí.
Dra. Eugenia Alvarez

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INMUNIZATION – ESQUEMA DE VACUNACIÓN AAP

vacunacion.jpg Immunization Schedule for Children and Teens Updated 

January 8, 2008 — The American Academy of Pediatrics has issued an updated immunization schedule for children and adolescents aged 0 to 18 years, as well as a catch-up immunization schedule for those aged 4 months to 18 years who start late or who are more than 1 month behind. The new recommendations appear in the January issue of Pediatrics.

The schedule indicates the recommended ages for routine administration of currently licensed childhood vaccines, as of December 1, 2007, for children aged 0 through 6 years, and for those aged 7 through 18 years. It also notes that additional vaccines may be licensed and recommended during the year.

“Any dose not administered at the recommended age should be administered at any subsequent visit, when indicated and feasible,” the authors from the Committee on Infectious Diseases write. “Licensed combination vaccines may be used whenever any components of the combination are indicated and other components of the vaccine are not contraindicated and if approved by the Food and Drug Administration for that dose of the series. Providers should consult the respective Advisory Committee on Immunization Practices statement for detailed recommendations, including for high risk conditions.”

If there are any clinically significant adverse events after immunization, these should be reported to the Vaccine Adverse Event Reporting System.

For children aged 0 through 6 years, recommended ages for routine administration of currently licensed childhood vaccines are as follows:

  • Hepatitis B vaccine: At birth, give monovalent hepatitis B vaccine to all newborns before hospital discharge. If the mother is positive for hepatitis surface antigen (HBsAg), hepatitis B vaccine and 0.5 mL of hepatitis B immune globulin should be given within 12 hours of birth.
    • After the birth dose, the hepatitis B vaccine series should be completed with either monovalent hepatitis B vaccine or a combination vaccine containing hepatitis B vaccine, with the second dose given at age 1 to 2 months and the final dose no earlier than age 24 weeks.
    • After completion of at least 3 doses of a licensed hepatitis B vaccine series, at ages 9 to 18 months (typically at the next well-child visit), infants born to mothers who are positive for HBsAg should be tested for HBsAg and antibody to HBsAg. When combination vaccines are given after the birth dose, 4 doses of hepatitis B vaccine may be given. The 4-month dose is not needed if monovalent hepatitis B vaccine is used for doses after the birth dose.
  • Rotavirus vaccine: The first dose should be given at ages 6 to 12 weeks, and the final dose in the series by age 32 weeks, because data on safety and efficacy outside of these age ranges are insufficient.
  • Diphtheria and tetanus toxoids and acellular pertussis vaccine (DTaP): Minimum age for administration is 6 weeks, and the fourth dose may be given as early as age 12 months, but not sooner than 6 months since the third dose. The final dose in the series is given at ages 4 to 6 years.
  • Haemophilus influenzae type b conjugate vaccine: Minimum age for administration is 6 weeks. A dose at age 6 months is not needed if H influenzae type b Neisseria meningitidis outer-membrane complex protein conjugate (PedvaxHIB or ComVax; Merck) is given at ages 2 and 4 months. In children aged 12 months or older, DTaP/H influenzae type b conjugate (TriHIBit; Sanofi Pasteur) combination products should not be used for primary immunization but can be used as boosters after any H influenzae type b conjugate vaccine.
  • Pneumococcal vaccine: Minimum age for administration is 6 weeks for pneumococcal conjugate vaccine and 2 years for pneumococcal polysaccharide vaccine. All healthy children aged 24 to 59 months having any incomplete schedule should receive 1 dose of pneumococcal conjugate vaccine. Children aged 2 years or older with underlying medical conditions should receive pneumococcal polysaccharide vaccine.
  • Influenza vaccine: Minimum age for administration is 6 months for trivalent inactivated influenza vaccine and 2 years for live, attenuated influenza vaccine. Children aged 6 to 59 months and all close contacts of children ages 0 to 59 months should be vaccinated every year, as should children aged 5 years or older with certain risk factors, individuals in close contact with persons in groups at higher risk, and any child whose parents request vaccination.
    • Either live, attenuated or trivalent inactivated influenza vaccine may be administered to healthy, nonpregnant persons, ages 2 to 49 years, without underlying medical conditions that predispose them to influenza complications. Children receiving trivalent inactivated influenza vaccine should receive 0.25 mL if they are 6 to 35 months old or 0.5 mL if they are 3 years or older.
    • Two doses, separated by 4 weeks or longer, should be given to children younger than 9 years who are receiving influenza vaccine for the first time or who were vaccinated for the first time last season, but only received 1 dose.
  • Measles, mumps, and rubella vaccine: Minimum age for administration is 12 months. The second dose of this vaccine should be given at ages 4 to 6 years, but it may be given sooner, provided 4 weeks or longer have elapsed since the first dose and both doses are administered at age 12 months or older.
  • Varicella vaccine: Minimum age for administration is 12 months. The second dose should be given at ages 4 to 6 years, but it may be administered 3 months or longer after the first dose. The second dose should not be repeated if administered 28 days or more after the first dose.
  • Hepatitis A vaccine: Hepatitis A vaccine is recommended for all children aged 12 to 23 months, with 12 months being the minimum age for administration. The 2 doses in the series should be given at least 6 months apart. Children who are not fully vaccinated by age 2 years can be vaccinated at subsequent visits. Hepatitis A vaccine is recommended for certain other groups of children, such as in areas where vaccination programs target older children.
  • Meningococcal vaccine: Minimum age for administration is 2 years for quadrivalent meningococcal conjugate vaccine and for quadrivalent meningococcal polysaccharide vaccine. Although quadrivalent meningococcal conjugate vaccine is recommended for high-risk groups including children ages 2 to 10 years with terminal complement deficiencies or anatomic or functional asplenia, the quadrivalent meningococcal polysaccharide conjugate vaccine may also be used. Individuals who received quadrivalent meningococcal polysaccharide vaccine 3 years or more previously and who are still at increased risk for meningococcal disease should be vaccinated with the quadrivalent meningococcal conjugate vaccine.

The schedule also gives specific recommendations for vaccinating persons 7 to 18 years of age with tetanus and diphtheria toxoids and acellular pertussis vaccine (TdaP); human papillomavirus vaccine; meningococcal vaccine; pneumococcal polysaccharide vaccine; influenza vaccine; hepatitis A and B vaccines; inactivated poliovirus vaccine; measles, mumps, and rubella vaccine; and varicella vaccines.

A separate catch-up immunization schedule is also provided for those aged 4 months to 18 years who start late or who are more than 1 month behind. A vaccine series does not need to be restarted, regardless of the time that has elapsed between doses, the Committee on Infectious Diseases concludes.

Pediatrics. 2008;121:219-220.

Clinical Context

The American Academy of Pediatrics, the Advisory Committee on Immunization Practices of the Centers for Disease Control and Prevention, and the American Academy of Family Physicians have approved 3 immunization schedules for children in the United States for January through December 2008: children aged 0 to 6 years, children aged 7 to 18 years, and a catch-up schedule for children aged 4 months to 18 years who start late or are more than 1 month behind in vaccinations.

This policy statement from the American Academy of Pediatrics Committee on Infectious Diseases focuses on changes in the schedules vs those in last year’s schedules.

Study Highlights

  • 1 dose of pneumococcal conjugate vaccine is recommended for incompletely immunized healthy children aged 24 to 59 months.
  • Recommendations for live, attenuated influenza vaccine reflect several changes:
    • Lower age limit decreased to age 2 years instead of age 5 years
    • Interval for second dose, if indicated, decreased to 4 weeks instead of 6 weeks
    • New liquid preparation stable in refrigerator
  • 1 dose of quadrivalent meningococcal conjugate vaccine is recommended for all children aged 11 to 18 years not previously immunized and is preferred to quadrivalent meningococcal polysaccharide vaccine for children aged 2 to 10 years at increased risk for meningococcal infection.
  • Recommended routine administration for other vaccines has not changed from last year:
    • Hepatitis B vaccine at birth, ages 1 to 2 months, and age 6 months; 4-month dose may be given if combination vaccines are used
    • Rotavirus vaccine at ages 2, 4, and 6 months, with first dose by age 12 weeks and last dose by age 32 weeks
    • DTaP vaccine at ages 2, 4, and 6 months, 15 to 18 months, and 4 to 6 years; fourth dose can be given at age 12 months if at least 6 months after third dose
    • H influenzae type b conjugate vaccine at ages 2, 4, and 6 months, and 12 to 15 months
    • Inactivated poliovirus vaccine at ages 2 and 4 months, 6 to 18 months, and 4 to 6 years
    • Pneumococcal conjugate vaccine at ages 2 and 4 months, 6 months, and 12 to 15 months; pneumococcal polysaccharide vaccine at age 2 years and older if underlying medical conditions
    • Trivalent inactivated influenza vaccine annually for children aged 6 to 59 months, close contacts of children younger than 5 years, children at least 5 years old who have risk factors, close contacts of high-risk persons, and children whose parents request vaccine
    • Children younger than 9 years receiving influenza vaccine for first time or who only received 1 dose when vaccinated for first time last season should receive 2 doses with at least a 4-week interval
    • Measles, mumps, and rubella vaccine at ages 12 to 15 months and 4 to 6 years old
    • Varicella vaccine at ages 12 to 15 months and ages 4 to 6 years
    • Hepatitis A vaccine at ages 12 to 23 months and at least 6 months after first vaccine
    • Meningococcal polysaccharide vaccine is acceptable alternative to meningococcal conjugate vaccine; meningococcal conjugate vaccine is recommended for those at high risk who received meningococcal polysaccharide vaccine at least 3 years previously
    • TdaP vaccine at ages 11 to 12 years or catch-up vaccine at ages 13 to 18 years if last tetanus and diphtheria toxoids booster or DTaP received 5 years previously
    • Human papillomavirus vaccine at ages 11 to 12 years and then 2 and 6 months after the first dose; minimum age is 9 years
  • Specific recommendations for catch-up immunizations, including minimum intervals between doses, are listed for persons aged 4 months to 6 years and for those aged 7 to 18 years who started immunizations late or are more than 1 month behind.
  • A delayed vaccine series does not have to be restarted.

Pearls for Practice

  • One dose of pneumococcal conjugate vaccine is recommended for incompletely immunized children aged 24 to 59 months. One dose of quadrivalent meningococcal conjugate vaccine is recommended for children aged 11 to 18 years and is preferred instead of quadrivalent meningococcal polysaccharide vaccine for high-risk children aged 2 to 10 years.
  • Live, attenuated influenza vaccine is recommended for healthy children as early as age 2 years and, if needed, the second dose can be given 4 weeks later.

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VOLCANES DE GUATEMALA

volcan.jpg 

http://www.guate360.com/galeria/details.php?image_id=384&mode=search

VOLCAN SANTA MARIA PARA LA HELADA DEL 2 DE ENERO 2008

les comparto esta fotografía que me enviaron del Volcán Santa María para principio de año, que amaneció con hielo en los árboles, es interesante porque según reportes hace más de 100 años que no sucedía este efecto.

DR. LUIS RUIZ

Disfrutemos de nuestra bella Guatemala!!! podriamos organizar una ida al volcán de pacaya

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saccharomyces boulardii

El Rol de los Agentes Bioterapéuticos en el Tratamiento de la Diarrea

Dr. Yvan Vandenplas, Gastroenterólogo Infantil, Hospital Universidad Libre de Bruselas.

Trabajo disponible en PDF, en botón a derecha que dice “Copia PDF”.Ya se ha hablado extensamente acerca de los diferentes mecanismos fisiopatológicos y de las distintas causas de la gastroenteritis aguda, y también de la importancia que tiene la diarrea causada por antibióticos.

Esto introduce muy bien el tema de la importancia del ecosistema de la microflora gastrointestinal y del uso de probióticos y agentes bioterapéuticos en el tratamiento de la gastroenteritis aguda.

La flora gastrointestinal normal comienza a establecerse desde el nacimiento, momento en que se presenta una situación especial, porque el tracto gastrointestinal es estéril y posteriormente se produce una colonización gradual y secuencial durante las etapas infantil y adulta (1, 2).

Microflora gastrointestinal normal (indígena)

La microflora contiene muchos microorganismos que la medicina moderna ha dejado de lado, pero que en el futuro van a ser motivo de investigación cada vez mayor.

Existen más de 109-12 bacterias de tipo anaeróbicas (bacteriales, eubacterias, bifidobacterias, peptoestreptococos), por gramo de heces, y hay alrededor de 400 especies diferentes. Hay 10 veces más bacterias en las heces que células humanas en el organismo (3) y se ha estimado en más de 1 kg el peso total de las bacterias presentes en el intestino.

La flora gastrointestinal tiene una parte estática residente (autóctona) y una parte transitoria, y el volumen de la última depende de la composición de la microflora autóctona, del ingreso de microorganismos y de la destrucción relativa causada por antibióticos (4) .

En el recién nacido, se produce una inoculación oral a partir de la flora vaginal y gastrointestinal de la madre, y se origina un tipo de flora inicial. Después viene el efecto de la dieta, que determina un predominio de bifidobacterias en los lactantes alimentados al pecho y flora diversa en los que reciben fórmula. Por último, con el destete se produce una flora de transición y un paso paulatino hacia la flora del adulto, la que está influenciada por factores intrínsecos (secreciones GI) y extrínsecos (envejecimiento, dieta, estrés, ambiente étnico, drogas probióticas).

Esto es importante, ya que los lactobacilos y bifidobacterias tienen efectos promotores para la salud, debido a que inhiben el desarrollo de bacterias dañinas. Sin embargo, cuando se administran los agentes probióticos como tratamiento de una diarrea, se llega demasiado tarde, porque la flora normal ya se ha reemplazado y se ha desarrollado la diarrea. Es decir, la inhibición es un efecto positivo, pero sirve cuando se administra diariamente, no para tratar una diarrea establecida.

Estos lactobacilos y bifidobacterias también estimulan la función inmunológica, ayudan a la digestión y absorción de nutrientes alimentarios y minerales, y contribuyen a la síntesis de vitaminas.

Las bacterias que se utilizan como cepas probióticas en medicina, como estrepto y enterococos, tienen algunos efectos negativos, y aunque esto se limita a la inhibición del crecimiento, algunas de las cepas claramente tienen efectos patogénicos. Por eso hay que tener mucho cuidado con la utilización de estos productos.

En resumen, la flora intestinal cumple un papel en la mantención de la salud, la prevención de enfermedades y el equilibrio del ecosistema gastrointestinal, donde no sólo se influye a sí misma sino que interactúa con el ambiente, el sistema nervioso central, el sistema endocrino y, lo que es más importante, con el sistema inmune.

Lo que se intenta conseguir con los probióticos y los prebióticos es restablecer el equilibrio normal de esa flora, contrarrestar las alteraciones del sistema inmune y tratar de prevenir la invasión de los patógenos.

Prebióticos, probióticos y agentes bioterapéuticos

Algunos conceptos importantes en este tema son el de la comida novedosa, como se denomina cualquier preparación nueva, y el de comida funcional, como se denomina una comida o preparación que tiene cierto valor nutritivo, pero que además tiene efectos de promoción de la salud para el huésped. Por ejemplo, los probióticos y las margarinas bajas en colesterol.

Prebiótico
Es un alimento no digerible que mejora la salud del huésped porque fermenta en el colon y estimula el crecimiento o la actividad de un grupo de bacterias a ese nivel; es decir, actúa como nutriente de la flora colónica, de modo que se puede considerar que el prebiótico es el alimento de la flora gastrointestinal, porque de él se nutren las bífido-bacterias y lactobacilos. El prebiótico también sirve de nutriente de los probióticos.

Probióticos
Son microorganismos no patógenos que sobreviven a la digestión normal y llegan vivos al colon, donde también tienen un efecto positivo de promoción de salud en el huésped.

Simbiótico
Es una combinación de pre y probiótico.

Agente bioterapéutico
Es un probiótico con un efecto terapéutico probado, es decir, es un medicamento o fármaco.

Existen diferentes grupos de probióticos y es importante no confundir los términos, porque hay grandes diferencias entre ellos. Así, se distinguen los probióticos naturales, los probióticos comercializados, los suplementos alimenticios que contienen probióticos y, por último, los productos medicinales o los agentes bioterapéuticos.

Probióticos naturales
Están en la alimentación de todos los días, pero no siempre lo sabemos. Los probióticos naturales están presentes en todos los productos lácteos fermentados como yogur, kefir, suero de leche. En Corea existe el kimchi, que también es un producto fermentado, y aquí está el ceviche, que es pescado fermentado y que también contiene probióticos naturales.

Las bacterias viables de los productos lácteos descritos son las bífido-bacterias, los lactobacilos acidófilos y bulgaricus, y los estreptococos lactis y cremoris (5). El problema es que es difícil usarlos en condiciones terapéuticas y en entornos médicos, porque se necesita guardarlos en frío y tienen una vida media, en buenas condiciones, limitada.

Sin embargo, la principal limitante para su uso es que la cantidad de microorganismos que contienen es tan baja que habría que tomar varios litros de yogur cada día para obtener algún efecto médico, y eso no es viable, ya que a un paciente con gastroenteritis aguda no se le puede indicar que tome 2 litros de yogur al día. Entonces, estos productos pueden ser parte de una alimentación sana, pero no tienen eficacia terapéutica.

Por otra parte, las bacterias del yogur no son resistentes a los ácidos gástricos y a la bilis, y ciertamente no resisten los antibióticos. Si se ingiere el antibiótico junto con el yogur los microorganismos morirán inmediatamente. No es que no haya que consumir yogur, pero no hay que esperar de él un efecto terapéutico (6, 7).

Probióticos comercializados
La industria alimenticia ha descubierto muy recientemente, lo que llama la atención, que muchas poblaciones en el mundo han utilizado los probióticos naturales en su gastronomía diaria y en su cultura culinaria, y lo que ha hecho la industria, en la actualidad, es simplemente comercializar estos productos. Por ejemplo, distintas empresas han comercializado yogures naturales en formato comercial, a partir de diferentes cepas, como se ve en la lista siguiente:

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