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DAR ALGO MAS QUE VIDA

 

Hará unos veinticinco años, cuando mi esposa y yo éramos padres primerizos – angustiados por hacer bien esa tarea para la que uno nunca se siente bien preparado – buscábamos apoyo en todo lado: en los amigos que ya habían sido padres, en los recuerdos de lo que nos gustó – o no – cuando éramos nosotros los  hijos de padres primerizos; y en la lectura de cuanto cayera en nuestras manos. Al final, lo que más nos impactó – y nos convenció – fueron los argumentos del Dr. Terry Brazelton, que mezclaba sus conocimientos profundos de pediatra con una sensibilidad poco común.
 
Un tema que refleja bien nuestra afinidad con Brazelton era el dilema típico de los nuevos padres ante el llanto imparable del nuevo inquilino: ¿dejarle llorar hasta que se canse… o alzarla, darle un poco de leche por si tiene hambre, golpearle la espalda por si tiene cólico, cambiar los pañales por si están sucios o… en fin, caminarla por la casa tarareando y haciendo muecas por si está aburrida? Los consejos de los mayores apuntaban a ‘dejarla llorar’ con un argumento práctico que nosotros no logramos poner en práctica: si no la dejan llorar entonces se va a volver una chiquita malcriada que va a hacer con ustedes lo que quiera; ¡a los hijos hay que disciplinarlos!
 
Brazelton discrepaba.  Un bebé – decía – solo tiene una forma de comunicarse: llorando. Pero si al llorar no pasa nada, si la mamá o el papá simplemente ‘lo dejan llorar’, su aprendizaje es terrible: lo que ese niño o niña aprende es, simplemente, que sus acciones no tienen ningún efecto sobre el mundo que le rodea, es una lección de impotencia. Al contrario, si cuando llora – por lo que sea – algo ocurre, lo alzan, le dan leche, le golpean la espalda, le cambian las mantillas, lo mecen, lo zangolotean… entonces, aunque no hubiera sido ése el motivo de su llanto, habrá aprendido algo fundamental: sus acciones, su llanto en este caso, son poderosas, pueden cambiar el mundo.
 
Años después – unos veinte – haciendo un trabajo de política social volví a topar con un texto de Brazelton que, ahora, aplicaba sus conocimientos a otro problema: la reproducción intergeneracional de la pobreza. No me extiendo en esto, pero sabemos que los hijos de familias pobres tienen una altísima probabilidad de seguir siendo pobres. Brazelton coincidía, con agregando un ‘pero’: casi todos, decía, pero no todos. Se preguntaba, entonces, por qué algunos niños pobres, hijos de pobres… sí logran, a diferencia de la mayoría, romper ese círculo vicioso de la pobreza. Sus hallazgos coincidían con su práctica pediátrica: en la vida de esos niños hubo alguien que, muy temprano, los hizo sentir poderosos: les dio afecto, les respondió, actuó frente a su llanto y sus demandas; en fin, les hizo sentir que sus actos podían cambiar sus vidas, podían cambiar el mundo. Brazelton usaba este descubrimiento para algo que debía ser obvio: los centros de salud y nutrición de los niños no debían limitarse a darle alimento y medicina a los pequeños; tan importante como eso era que les dieran atención, que les dieran afecto, que formaran su identidad. Lo mismo, claro, aplicaría – en el cargo que hoy me ocupa – a la educación.
 
Hace poco, un amigo colombiano estuvo presente en una conferencia del Dr. Brazelton, ya viejo y siempre sabio. Me cuenta que fue una lección magistral para los cientos de jóvenes pediatras que lo escuchaban. Empezó mostrando una simple diapositiva con la cara de un niño que no se veía nada bien… y preguntó: ‘ustedes, como pediatras, están acostumbrados a diagnosticar. Pues bien ¿qué tiene este niño, de qué padece?’. Uno de los presentes arriesgó una respuesta: ‘ese niño presenta el síndrome de carencia afectiva’. Los demás asintieron. Brazelton pidió explicaciones y se las dieron: todas las facciones del niño parecían confirmar el diagnóstico. Brazelton los felicitó: ‘acertaron – les dijo – pero veamos ahora la película y no solo la foto’.
 
Entonces mostró el video del mismo niño, feliz,  jugando al lado de su madre, conversando con ella, interactuando… y sin mostrar signo de problema alguno. De pronto – en el video – aparecía el propio Brazelton instruyendo a la madre para que, a partir de ese momento, ‘se volviera como una piedra’ y no respondiera de ninguna manera a los requerimientos, llamados o llantos de su hijo. Pasaron los minutos, el niño intentaba todo tipo de contacto con su madre… y nada. Unos minutos después llegó un momento en que el video se detuvo: era la escena que mostraba la cara con la que los pediatras habían diagnosticado ‘carencia afectiva’ en el niño.
 
Ya ven – les dijo Brazelton – su diagnóstico fue perfecto: esa carita muestra, en efecto, las consecuencias de la carencia afectiva; ¡las consecuencias de diez minutos de carencia afectiva! Piensen ahora cuáles pueden ser las consecuencias de una infancia llena de carencia afectiva… una infancia sin afecto, sin atención, sin ternura, sin respuesta.
 
Así, Brazelton nos enseña cuál debe ser la responsabilidad esencial de la familia: dar vida no significa simplemente dar a luz, no significa dar alimento, dar techo, dar vestido; no significa dar juguetes o medicinas. Dar vida significa algo mucho más simple, pero más vital y profundo: significa dar afecto, dar importancia, dar respeto, dar atención a nuestras niñas y niños hasta hacerlos sentir dueños del mundo, de su vida y, claro, de la nuestra. Para eso es la familia, cualquier tipo de familia. Gracias doctor Brazelton, por recordarnos lo que siempre debió ser obvio

LEONARDO GARNIER

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DIA DE LAS MADRES

Sólo el amor de una madre

Sólo el amor de una Madre apoyará,
cuando todo el mundo deja de hacerlo.

Sólo el amor de una Madre confiará,
cuando nadie otro cree.

Sólo el amor de una Madre perdonará,
cuando ninguno otro entenderá.

Sólo el amor de una Madre honrará,
no importa en qué pruebas haz estado.

Sólo el amor de una Madre resistirá,
por cualquier tiempo de prueba.

No hay ningún otro amor terrenal,
más grande que el de una Madre.

Madre

Tu mirada de amor
descubre lo que otros no quieren ver.
Tu nobleza
te hace apreciar lo que los demás desprecian.

Tu amor desinteresado
te hace defender a los pequeños
que otros atacan o menosprecian.
Tu presencia
despierta confianza, amor a la vida
y esperanza en un futuro mejor.

Mamá

Quiero agradecerte
que estés en mi vida.

Sé que puedo contar contigo
en momentos difíciles,
sé que contigo puedo
compartir mis alegrías,
y sé que nuestra amistad
se sustenta en mutuo amor.

Que seas mi MAMA y mi AMIGA
es el más preciado tesoro,
que agradeceré a DIOS eternamente.

Gracias por llenar mi vida
con tanta felicidad.

Te Amo Mamá!

A mi madre

Te fuiste de mi lado.
En silencio fue tu partida.
Mi corazón se ha desangrado
por tan súbita despedida.

Tu espíritu luchador

a la vida se aferraba.
Más Dios, desesperado,
a su lado te llamaba.

En ángel te has convertido.
Velando por nosotros estás.
Aguardando que se cumpla la cita
de reunirnos en la eternidad.

Sin embargo, me parece tan lejos…
Quisiera ahora poderte abrazar.

Te busco, te llamo. No te encuentro.
Dime… ¿Cómo me he de consolar?

Tu amor incalculable
mis faltas por alto pasó.
Porque el querer de una madre,
ese, no tiene comparación.

Sé que en el cielo habitas.
Al lado de Dios has de estar.
Aguardaré paciente el día

en que nos volvamos a encontrar.

Entonces será para siempre.
Nada ni nadie nos podrá separar.
No temeré cuando llegue mi momento
pues tu presencia me confortará.

Me esforzaré por ganar el cielo
para no perderte nunca más.
Mientras tanto, guía mis pasos.
Ilumina mi senda, enséñame el camino.

Que tu presencia me rodee siempre
hasta que se cumpla mi destino.

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BEBES!!!

APROVECHEMOS AL BENDICION QUE NOS DA DIOS DE TENER TODOS LOS DÍAS EN NUESTRAS MANOS, A PEQUEÑOS ANGELITOS, PUROS DE ALMA.

DE LOS CUALES RECIBIMOS MEDICINA PARA NUESTRO ESPÍRITU A CAMBIO DE AYUDARLES EN SUS ENFERMEDADES.

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PROVERBIOS

PROVERBIOS PARA REFLEXION PERSONAL

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